Hoy, después de muchos días puedo decir con orgullo, acabo uno de mis más
amargos sufrimientos, el suplicio que lleva por nombre Pediatría. Ahora no se pongan a pensar que soy una persona de esas
que no tiene sentimientos, que los bebés y los niños me valen un rábano, déjenme
decirles que es todo lo contrario. Cumplí un mes entero de rotación en la que
no puedo cuantificar las veces que se me aguaron los ojos y me tuve q ir a una
fuente de agua para disimular la tristeza que en ese momento sentía, los momentos
en los que trague saladito con ganas de salir corriendo para no seguir viendo
el horrible escenario que tenia frente a mis ojos, momentos en los que a la vez
daba gracias a Dios por ubicarme en la familia de la que soy parte, en la que
mis padres cuidaron de mi y no me paso nada malo.
Fueron 4 semanas sumamente difíciles, de emociones encontradas en la que
viví con una distorsión entre la compasión de ver a una personita tan pequeña
luchando por su vida, en una cuna presa de su enfermedad, víctima del dolor a
expensas de complicaciones severas que serán visibles en el futuro, y todo esto
en su mayoría por no decir todos los casos pudieron ser evitables; por otro
lado la ira de ver con una cara de plena tranquilidad a la Mamá del niño que
negaba a diestra y siniestra todo cuanto se le preguntaba con la finalidad de
resaltar su “inocencia”.
La verdad es que fue estos últimos días, en los que presencie los peores
casos y donde también tuve el placer de conocer a cabalidad a una excelente persona,
la funcionaria de esta sala en la que me asignaron mi última semana de rotación.
Todo empezó cuando ella a modo de introducción inició comunicándonos las reglas
básicas de su sala: rezar ante de salir de tu casa, desayunar antes de llegar
al hospital, te lavarás las manos entre cada paciente... Al final de esta cortísima
semana encontré ciertas sus palabras, era una preparación para poder brindar y
servir de una mejor forma, no podemos brindar amor si no lo tenemos, no podemos
brindar salud si no la tenemos. Al sol de hoy su oración para encomendarse a Dios me parece magnífica, con las palabras y los salmos indicados confieso que tenía muchos años sin escuchar una oración tan bien elaborada y que fuera de su propia autoría me hizo recobrar la esperanza en la humanidad.
Para los que me siguen en twitter quizá leyeron algunos de mis tweets en
los que desvaríe comentando la irresponsabilidad de algunas mujeres que acceden
por presión ya sea de su pareja o por evitar que la sociedad la juzgue de una
mala manera, al quedar embarazada. Utilizando cierta clase de medicamentos para
interrumpir el embarazo, creo que todos conocemos a alguien que ya las ha
usado, y sabemos cual es el resultado. Pero permítanme preguntarles ¿Qué pasa
cuando no resulta? ¿Se han puesto a pensar en la clase de malformaciones que
puede tener un bebe producto de estos medicamentos?, ¿Han llegado a hacerse la
idea remota del sufrimiento de un niño inocente que es traído a este mundo producto
del amor (o quizás de la atracción, deseo y cualquier otra cosa posible que es
tomada por razón para tener relaciones sexuales) y que venga a pasar cuanta
clase de paramo posible?, ¿Se han imaginado siquiera las malformaciones que
tendría su bebe? La verdad es que creo que no, muchas personas que hacen esto y
otras que se dedican a vender este tipo de medicamentos, prometen un aborto
seguro sin complicaciones. Lamento decirles que la realidad es otra. Muchos niños
nacen con múltiples malformaciones congénitas, que pasan a ser casos sociales.
La verdad es que cuando nos encontramos ante circunstancias adversas o poco
gratas, buscamos de alguna forma sentirnos bien al igual que hacer sentir bien
a los demás. Y en esta búsqueda muchas veces encontramos cosas en el camino,
como compañías o experiencias que nos dan varios tipos de felicidades, están
las pasajeras, como aquellas que simplemente apaciguan un momento con otro
momento, disfrazando o distrayendo lo que no nos gusta ver, sentir o padecer. Y
aunque estas alegrías son parte de la vida y no dejan de ser parte del bufete
de opciones, de alguna forma, a la larga, no alcanzan a llenarnos por completo.
Están por otro lado las alegrías verdaderas, aquellas que nos llenan de una paz
interior por traernos buenos recuerdos, memorias gratas que nos inspiran a
ayudar y transmitir amor a los demás, un sentimiento puro que no puede ser
dañado por la oscura hipocresía ni por las amargas envidias.
P.S. Agradezco por todos estos conocimientos aprendidos a esta funcionaria,
admiro su paciencia y su dedicación al igual que su memoria, ella terminó robándose
mi corazón cuando recitó “La desiderata” uno de mis favoritos.


Por esta razón es que tu profesión es tan valorada. Es necesaria mucha dedicación, fuerza, paciencia y voluntad para poder enfrentar todas estas situaciones y aún así cumplir con tu trabajo.
ResponderEliminarNunca había leído la Desiderata, seguro de ahora en adelante cada vez que sienta que mi paciencia se acaba, que estoy a punto de salir huyendo...respiraré hondo y abriré esta imagen para revitalizar mi alma.
Muchas gracias!
Me alegra muchísimo que te gustara, hablando sobre la Desiderata lo conocí en uno de esos momentos de crisis en los que vale la pena leer algo tan perfecto, son como todas las reglas para tener una vida llena de felicidad. Sé que por su nombre es como una lista de cosas deseadas vale la pena leerse la historia que encierra su buen par de misterios!
ResponderEliminarDesde que era niña soñaba con ser Doctora y especializarme en pediatría, ya que, siempre me han encantado los niños y quería curarlos y verlos felices. Al crecer luche por alcanzar mi sueño pero para mi fortuna no alcanze mi añorada meta, y digo para mi fortuna porque con el tiempo me di cuenta que no tenía vocación para una carrera que requiere tanta dedicación como los es la Medicina, no hubiera soportado ver lo que tu viste, me hubiera quebrado a vivir lo que tu viviste. Tuve la oportunidad de leer los tweets que hacían referencia al tema de esa madre (por llamarla de una forma, porque le queda grande el título) que negaba lo que había hecho y se decía inocente (como me recuerda a mis clientes que mienten descaradamente) sin sentir culpa por el daño irreparable que le había causado a su hijo. Me lleno de ira y dolor cuando leía lo que había hecho y lo que padecería esa pobre criatura. Pero también me llena de esperanzas cuando leo sobre esa funcionaria de gran sabídura que te enseño pequeños consejos pero a su vez tan ciertos y llenos de enseñanza como dices haces que uno recobre las esperanzas en la humanidad, que no todo está perdido.
ResponderEliminarAl leerte siento que eres de esas pocas personas que aman lo que hacen y tienen vocación por su trabajo, lo cual, me llena de alegría se necesitan más personas y profesionales como tu y esa sabia funcionaria.
Gracias por compartir la "Desiderata" nunca lo había leído y la verdad es que me gusto mucho y me tome el atrevimiento de guardar la imagen para imprimirla y leerla para recordar que son aquellas cosas simples de la vida que muchas veces menospreciamos la que te garantizan un vida feliz.
Te animo que continues escribiendo, es grato leer artículos como los tuyos.